El quid de la cuestión: ¿Soy autónomo o monto mi empresa?

El quid de la cuestión: ¿Soy autónomo o monto mi empresa?

Cuando tenemos que elegir la forma jurídica con la que se va a realizar una actividad comercial, la primera disyuntiva surge entre empresario individual o sociedad. Esta primera criba puede resultar sencilla en función de ciertos parámetros. 

El primer parámetro es el número de personas implicadas en el negocio. Si sois varias personas, el cauce marca la constitución de una empresa. Por el contrario, si solo eres tú, todavía tienes las dos vías abiertas: autónomo y empresa (unipersonal). En cuanto a las posibilidades que se abren en función del número de socios (siempre que sean dos o más) también puede haber restricciones, como ocurre en las sociedades mutualistas, pues cada Comunidad Autónoma limita el suelo para el número de socios. 

El segundo parámetro es la normativa legal. Esto es, hay actividades han de ser desarrolladas bajo la forma de sociedades profesionales, dada la exigencia de colegiación para los profesionales. Por otro lado, las sociedades civiles tienen como barrera la determinada por ley en cuanto al objeto social, que viene tasado para numerus clausus. Lo mismo ocurre con ciertas actividades financieras, de seguros, deportivas, del mercado inmobiliario, etcétera.

El tercer parámetro es la existencia del ánimo de lucro (solo referido a las empresas, pues en el caso del autónomo se presume siempre existente). En este sentido, volvemos a apuntar que en las sociedades mutualistas es importante atender a las especificaciones que tiene cada tipo, aunque la más importante es que el fin primero es no lucrativo, a diferencia de las sociedades capitalistas. 

El cuarto parámetro es la responsabilidad. La responsabilidad universal es propia de las formas de sociedad civil, de autónomos, de la comunidad de bienes y de la agrupación de interés económico, entre otras. Por otro lado, dentro de las sociedades mercantiles, diferenciamos las personalistas y las capitalistas. Las personalistas son muy interesantes en cuanto a fines perseguidos y los elementos personales (propiedad colectiva, intransferibilidad de las participaciones y la organización de la gestión), sin embargo la responsabilidad de los socios colectivos es ilimitada.  Por ello, destaca como competitivas en este parámetro las sociedades capitalistas, pues la responsabilidad de sus socios es limitada al capital aportado.

Un quinto parámetro poco común sería la necesidad de difuminar tu participación en el negocio. Para ello, existe una figura asociativa de cuentas en participación en una empresa. Ya adelantamos que la práctica es compleja y su única ventaja es ocultar tu participación en negocios por los motivos personales o profesionales que sean.

Un sexto parámetro sería la cantidad de dinero con la que empezamos el negocio. Los requisitos de este tipo se imponen en las sociedades mercantiles capitalistas. Siendo para sociedades anónimas, un mínimo de 60.000 euros y para sociedades limitadas de 3.000 euros, suscritos íntegramente en el momento de la constitución. El reparto de la sociedad entre los socios, es por participaciones en la SL. y por acciones en la SA. Por supuesto, existe casuística en función del tipo de SL. elegida (Nueva Empresa o en Formación Sucesiva), por lo que habrá que informarse con mayor profundidad sobre cada tipo particular una vez ya decantados por ella. 

Tratando este último parámetro, cabe destacar que la sociedad limitada se considera de una tipología híbrida, esto es, porque reúne rasgos capitalistas y personalistas. Tal es así, que mediante pactos sociales, se puede redirigir la situación de la salida de un socio, de modo que la sociedad pase de forma sobrevenida a responsabilidad limitada unipersonal o bien serlo desde el principio (con todas las implicaciones que ello conlleva en los deberes de publicidad registral y comercial, en los órganos de administración de la sociedad y en la celebración de contratos). Por ello, decíamos al principio que si el número de personas implicadas en el proyecto solo era uno, no era motivo para excluir la constitución de una sociedad.

Entrando de pleno en la cuestión, una vez hayamos elegido, vamos a atender a la peculiaridad de cada opción:

  • La elección de autónomos implica la tributación mediante el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF en adelante) -cuyo tipo de gravamen va por tramos en función de la base imponible- y la responsabilidad de forma ilimitada, esto es, se responde con el patrimonio personal -presente y futuro- frente a las deudas generadas por la actividad empresarial.

Bien es cierto que existe la figura del Empresario con Responsabilidad Limitada, pero es de uso tan poco común que solo 10 personas recurrieron a ella durante 2019 (Fuente: Colegio de Registradores). Así que prescindimos de su definición por el poco valor añadido que aporta. 

Cabe dar a conocer la reciente figura de emprendedor de responsabilidad limitada por la cual se protege la vivienda habitual del emprendedor. Aunque parece muy atractiva, aún hay un debate doctrinal sobre su aplicación, lo cual deprecia el valor de esta figura.

Aunque si lo que te preocupa es proteger tu casa o los bienes de tu familia, un autónomo vinculado por régimen matrimonial a su cónyuge puede proteger los bienes privativos de éste a cambio de dar publicidad registral a los sucesos.

  • La elección de la empresa implica la disposición de un capital social mínimo, la estructuración en función de los órganos sociales (esto es, la Junta General y el Órgano de Administración) y sus regímenes de mayorías, la obligatoriedad de la  publicidad de las cuentas anuales en el Registro Mercantil de la provincia en cuestión, la responsabilidad limitada de los socios (en este caso, se recomienda tener presente que el administrador sí es responsable personalmente si se demuestra mala diligencia en su representación de la sociedad) y tipo impositivo progresivo (IS).

Hasta aquí os hemos vislumbrado un poco el camino a la hora de arrancar un negocio, pues es muy común encasillarse en una SL por ser la más común, sin saber que puede ser de mayor provecho otras modalidades en función de tu caso concreto.

De parte del equipo de Némica Consultores, ¡suerte y éxito!

 

María Sánchez